Zinapécuaro, bajo el manto protector del Señor de Araró

Luces multicolores surcaron el cielo zinapecuarense sobre la sede del Ayuntamiento, una gran romería se vivía por todas las calles del primer cuadro de la población, que fueron cerradas por disposición de la autoridad, pero más por la arraigada tradición que año con año parece renovar la fe de los feligreses del Señor de Araró, y que este año tuvo la peculiaridad de ser recibida por el primer presidente municipal farolero de Zinapécuaro, quien desde niño profesa la fe católica y devoción especial al cristo de Araró.

“En Zinapécuaro te recibimos con el corazón”, expresó el edil Alejandro Correa Gómez al dar la bienvenida al Señor de Araró al municipio que, gracias a él y al voto de los ciudadanos preside, “en tus benditos pies pongo a este municipio que me haz dado la encomienda de dirigir… te pido por esta administración, mi equipo de trabajo, para que siempre esté al servicio de la gente y se mantenga cercano para beneficio del pueblo, ayúdanos a ser más compasivos y que en nuestro municipio que haya paz y que en ti se hace fuerte y encuentra consuelo y paz”.

Así, tras una travesía pausada por incontables muestras de fe durante el recorrido desde su santuario en Araró, en compañía de unos 30 mil feligreses hasta esta cabecera municipal, para permanecer 50 días en la ermita zinapecuarense.

A su arribo a Zinapécuaro el jueves, la imagen descansó en el templo de San Pedro y San Pablo, de donde partió por la tarde hacia el santuario, le esperaba un largo recorrido hasta la alcaldía local, donde miles de devotos le refrendaron su fe, al compás de las palabras del edil Alex Correa y sus colaboradores en un significativo homenaje oficial que tuvo lugar en las afueras de Palacio Municipal, con una escenografía inspirada en una barca, simbología del nazareno como pescador de almas.  

 De esta manera fue recibida la venerada imagen en la ciudad de curación, cualidad atribuida en su nombre original de raíz indígena  -Tzinapecuarho-  y que suena a predestinación, cuando a la llegada de los españoles a américa surge la evangelización y empieza a gestarse la fe al milagroso Señor de Araró, extendiéndose a toda la región y traspasando fronteras, pues a decir del cronista oficial del municipio,  Raúl Tapia Pérez, el Cristo ararense tiene devotos por toda Latinoamérica y santuarios por diversas naciones del cono sur, porque “el señor de Araró une”, definió el historiador.

De acuerdo al padre Gabriel Razo Gasca, de la Parroquia de San Pedro y San Pablo, Zinapécuaro no duerme durante 3 noches seguidas, ya que la gran mayoría de sus habitantes son fervientes devotos del Cristo de Araró, y lo acompañan gustosos en su travesía, algunos como cargueros, otros como faroleros, siendo estos los que con un farol guían el paso del Cristo y su breve permanencia en las innumerables “posas”, que las familias colocan afuera de sus viviendas para depositar por unos minutos al cristo e invocar sus favores.

El recorrido es celosamente vigilado por la feligresía, en parte y tal vez, se pueda atribuir  al atentado contra la imagen allá por los primeros años de la década de los veinte en el siglo pasado. Se cuenta que cuando volvía de su estancia en Zinapécuaro, ya en una de las calles de Araró, descubierto el Cristo sobre su cruz, al pasar debajo de un arco hermosamente arreglado estalló una bomba y una esdtilla metalica se incrustó en el pecho del redentor; aunque pudo causar mayor daño la explosión, no fue así y con un pequeño trozo de madcera se cubrio el orificio, de tal forma que es difícil percibir la ubicación precisa del lugar en que se clavó la astilla. Jamás se supo nada del autor o autores materiales ni intelectuales del atentado.


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